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En el robo de identidad una persona se apropia de información personal ajena para cometer un fraude a nombre de un tercero.

Cálculos privados aseguran que el negocio mueve unos u$s 20.000 millones solo en los Estados Unidos. Para prevenir este tipo de fraudes, en el mundo se popularizaron los seguros contra el robo de identidad, que permiten que el asegurado se despreocupe de todos los costos financieros y logísticos que le puede acarrear ser víctima de este delito.

En la Argentina, los intentos de introducir estos seguros en el mercado no tuvieron éxito, aunque muchas aseguradoras están evaluando distintas alternativas que lo hagan más atractivo para el perfil local.

Estas pólizas cubren, entre otros aspectos, el reembolso al asegurado de los gastos documentados provenientes de las gestiones y tramitaciones necesarias a efectos de subsanar las consecuencias producidas por el robo de identidad sufrido por el asegurado durante la vigencia de la póliza.

El robo de  información e identidad  puede tener un impacto grave en la reputación de una persona, por ejemplo en una red social; impacto económico, si roban la clave de un banco; o en la divulgación de información confidencial.

Pero, ¿cómo se ejecuta ese robo de identidad? Se puede hacer a través del robo de la cédula o licencia de conducir, entre otros. También, se pueden usar documentos como escrituras, tarjetas de crédito, tanto en su versión física como un simple número robado. Los avances tecnológicos abren nuevas posibilidades con robos que van desde el e-mail, la cuenta de alguna red social o una clave bancaria. El robo de datos como fechas de cumpleaños, direcciones y nombres de familiares, por caso, ayuda a completar el cuadro.

Una vez que el ladrón obtiene la información, puede hacer un único gasto con la tarjeta, solicitar tarjetas de crédito adicionales, abrir cuentas bancarias, librar cheques sin fondo y hasta sacar un crédito. Y, en algunos casos, también se puede usar para eludir la ley o empezar una nueva vida.

En general, las pérdidas monetarias que producen este tipo de fraude no son muy grandes porque existen muchos mecanismos de prevención por parte de las empresas crediticias. Pero, de todos modos, el dolor de cabeza para la víctima puede ser mayúsculo.

Lo llamativo es que este tipo de fraude no se da en forma aislada. Una encuesta de Microsoft hecha con 10.000 consumidores estadounidenses indicó que solo en 2014 cada norteamericano perdió u$s 632 por robo de identidad y phishing (suplantación de identidad en Internet). El 15% de los encuestados aseguró haber sido víctima de phishing, el 13% dijo que se había afectado negativamente su reputación profesional, con un costo promedio de u$s 535 por reparación de daños. Y un 9% de los consultados dijo que había sido víctima del robo de identidad, con un costo promedio de u$s 218.

Frente a esta preocupación creciente, muchas empresas de seguros, especialmente en Europa y en los Estados Unidos, decidieron empezar a brindar alguna cobertura contra el robo de identidad. Además hay seguros que uno puede contratar para cubrir costos de fraudes hasta determinadas sumas”.

En general, se trata de un paquete más que se ofrece dentro de seguros para el hogar, de vida o personales. Según la Asociación Nacional de Comisionados de Seguros de los Estados Unidos, una póliza de este tipo cuesta entre u$s 25 y u$s 60 al año. La principal fortaleza de estos seguros es que cubre el costo de todos los trámites, incluyendo costas de abogados y el lucro cesante por haber faltado al trabajo para resolver esta situación, por caso. En promedio, cubren fraudes de entre u$s 10.000 y u$s 30.000.

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