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A continuación, le presentamos el artículo  Reservas para riesgos catastróficos, del profesor Jesús Abraham, el  cual consideramos de vital importancia para nuestra actividad.

Introducción

Una catástrofe natural, desde el punto de vista asegurador y reasegurador, es un evento producido por las fuerzas de la naturaleza, que generalmente causa multitud de daños individuales, afecta a muchas pólizas y diversos ramos.

Su tarifación, supone, en muchos casos, por la carencia de bases estadísticas fiables, al ignorarse su frecuencia repetitiva, y no poder establecerse el coste del siniestro potencialmente más elevado, no es nada fácil; por ello, la construcción del modelo actuarial para estos riesgos, es un asunto muy complejo, por cuanto que la información estadística-actuarial, como se sabe, se obtiene, normalmente, en la observación de sucesos suficientemente numerosos y representativos; y, para una correcta ponderación hay que considerar la probabilidad del suceso y la intensidad del daño.

Un planteamiento ideal, sería aquel que intenta modelar el riesgo, como la suma de un gran número de variables aleatorias que representan la exposición de cada riesgo individual, al fenómeno de la naturaleza tratado, empero, otra dificultad que se presenta es que en las compañías de seguros venezolanas, las renovaciones de estas pólizas, consideradas de riesgos extremos, es que la permanencia, en promedio, en una misma aseguradora las renovaciones son de baja frecuencia.

Ahora bien, la modelización actuarial que se pretenda resultaría muy alejado de la realidad, por lo menos, por la poca literatura que existe y el bajo interés del órgano de control en suministrar que tipo de estudios se están haciendo o se proyectan a realizarse.

Ese modelo resulta muy difícil desde el punto de vista matemático, aún con bases de datos homogéneas, representativas,inclusive, con la aplicación de la más sofisticadas metodologías,

Los cálculos actuariales para este tipo de riesgo siempre tendrán altos grados de incertidumbre; máxime, cuando la regulación es muy escasa, ya que olvidó el Legislador, la creación de Reservas de Desviación de Siniestralidad, que son aquellos recursos que una aseguradora deberá mantener en estas ramas del seguro, las cuales por sus características: riesgos de baja frecuencia; alta severidad; perdidas inesperadas; alta volatilidad en los índices de siniestralidad; sumamente fluctuante, cíclica y catastróficas, se hace necesaria y obligatoria su representación actuarial.

Luego, los procedimientos clásicos de tarifación no funcionan en estos casos contra las consecuencias de los riesgos de la naturaleza, debido como se ha escrito, a la frecuencia exigua de eventos siniéstrales.

Sin embargo, para lograr tasas de primas que se ajusten al riesgo se debe procurar compensar la experiencia de siniestros deficientes, por ejemplo, con simulaciones actuariales.

Para lograr una tarifación que se ajuste al riesgo catastrófico, es necesario cumplir tres etapas:

a) Determinación de la frecuencia de eventos.

Esto es considerando como base de datos instrumentales o descripciones de las observaciones históricas.

b) Evaluar la localización y el nivel de exposición del riesgo.

Luego, la situación geográfica de un bien influye en la tasa de primas técnicas necesarias, por ejemplo, en la cobertura de terremotos es determinante en el precio técnico, sobre todo, la cercanía a perturbaciones sísmicas, y.

c) Determinar la intensidad de los daños.

Entonces, el paso a la frecuencia de siniestros se lleva a cabo en este tercer nivel, estableciendo una relación entre la intensidad probable del evento y la siniestralidad especifica del riesgo.

Estas dificultades hacen que el asegurador solamente puede conservar o retener una mínima parte del riesgo, acudiendo al reasegurador o a otras soluciones para transferirlo, y, precisamente en estas dos situaciones estuvo la percepción del Legislador.

En efecto, veamos:

En primer lugar, nuestro principal aliado es el Reasegurador, (como en cualquier otra rama), empero, aquí el órgano de control proponiendo otras soluciones indica la obligación de contribuir a un Fondo de Reservas Catastróficas Nacional, donde mediante a unos mecanismos especiales, desconocidos, se puedan acumular y liberar estas reservas,

Ahora bien, en la manera como está redactado el mandato del Artículo 50, de la LAA, son reservas acumulativas, cada año, mediante dos fuentes de ingresos.

Para establecer la constitución de estas dos reservas, una durante el ejercicio y dependiendo de la duración de la cobertura de cada contrato, y otra reserva, en consideración al cierre del ejercicio anterior, condicionada al índice siniestral,  aplicándole un 10%, si el resultado técnico, antes rentabilidad, según la LAA anterior, resulta igual o menor al 30% de los riesgos susceptibles a catastróficos.

No refiere, el Legislador si es individual cada cobertura o el  conjunto de ellos, que aunque no se indica, es de suponer que esta metodología de cálculo deberá ser enseñada mediante  normas específicas, mientras tanto estimo por cada cobertura mencionada.

Ambas reservas deben aportarse a un Fondo de Reservas Catastróficas Nacional, de exclusividad su administración del ministerio con competencia en economía y finanzas, he de significar que la LAA, anterior, tuvo una vigencia mayor a cinco años y estos puntos no fueron tratados.

Razonamiento Actuarial

En principio, los riesgos de carácter catastróficos están perfectamente calificados como tales y en la Ley se especifican mas no se definen. Para estos eventos, habrá que calcular el treinta por ciento (30%) de la prima de riesgo retenida correspondiente a riesgo transcurrido por riesgos nombrados, entonces, es necesario que la Gerencia de Reaseguro deberá informar sobre este dato, por cuanto que ella conoce la proporción o el monto de la prima cedida, para realizar el cálculo.

Ahora, porque se incluye inundación como riesgo catastrófico, ciertamente,  este riesgo como tal es predecible.

1.- Aquí se presenta una primera duda técnica:

Como debe ser sobre riesgo transcurrido, ¿en qué momento debe hacerse el cálculo?.

Si es en el momento del cobro, el riesgo transcurrido es mínimo, empero, si es al final del año póliza, sabemos que la reserva es nula, por ser cobertura anualizada, y el riesgo transcurrido es el máximo, entonces ¿a cuál extremo le aplicaría ese 30%?

Luego debe haber una fecha para delimitar lo transcurrido, la cual acepto que debe ser el cierre del ejercicio económico, 31 de diciembre de cada año. El saldo de esta reserva tendrá, como límite máximo, un monto equivalente al setenta y cinco por ciento (75%) del valor de la Pérdida Máxima Probable Retenida Promedio correspondiente a los últimos cinco ejercicios económicos.

Ahora bien, todas las tarifas para los riesgos considerados como catastróficos, son reguladas, impuestas, por el ente supervisor, entonces, ¿cómo determinar esta prima pura? Cuando sabemos que esas tarifas son oficiales. Ya pasó el primer quinquenio y no hay normas definidas.

2.- Por otra parte, habrá que constituir el diez por ciento (10%) calculado sobre la rentabilidad, ley anterior, hoy sobre resultado técnico, condicionado cuando la siniestralidad incurrida sea igual o menor al treinta por ciento (30%).

Aquí surge otra duda actuarial; si se considerará la siniestralidad del portafolio completo de riesgos catastróficos, o sobre cada riesgo especifico, además, del comportamiento con el reasegurador. ¿Cómo se define el resultado técnico? ¿ El reasegurador como interviene? ¿Cuáles son los modos de liberación?

3.- La SAA mediante normas establecerá los mecanismos de constitución de estas reservas para riesgos catastróficos, en la ley anterior no fue definido. Otra duda, por ejemplo, la tarifa de incendio es oficial, no conocemos la prima de riesgo. Más adelante indica el tratamiento aplicable a estas reservas en caso de que exista reaseguro, entonces, cuando se indica a prima retenida ¿a qué se refiere?.

4.- Tratará la SAA la liberación de estas reservas, se entiende que solo se podrán liberar mediante unos modos, empero, no se indica, que para estas reservas no se considere para el pago de siniestros derivados de la ocurrencia de un evento de tipo catastrófico.

Tampoco refiere si estas reservas podrán afectarse para compensar la pérdida técnica que se obtuviere en un ejercicio, o para el pago de siniestros por insolvencia del reasegurador, o para cubrir total o parcialmente el costo de reinstalación de las coberturas de exceso de pérdida, cuando sabemos que son tarifas obligatorias, tarifa de incendio.

Finalmente, como se trata de una tarifa oficial se podrían afectar estas reservas para compensar una perdida técnica a consecuencia de que esa prima, impuesta, resultare insuficiente.

5.- Otra duda. ¿Cómo es el cálculo de estas reservas para los reaseguradores?

El Articulo 50 comienza “Las empresas de seguros y las de reaseguros constituirán y mantendrán una reserva para los riesgos cubiertos por la respectiva póliza….”

6.- La LAA establece que el saldo de estas reservas tendrá como límite máximo un monto equivalente al 75% del Valor de la Perdida Máxima Probable Retenida Promedio correspondiente a los últimos cinco ejercicios económicos.

La ley anterior su vigencia superó los cinco años, la nueva LAA continua ese mismo quinquenio, empero, surge la interrogante ¿a partir de qué fecha?, solo habrá que comparar con las fechas de migración de las pólizas oficiales, dejo la duda al amigo lector.

7.- ¿Que se entiende por PMPR?

Las consecuencias resultantes después de acecido un siniestro es más que todo el riesgo financiero, máxime, si es el que deriva de un desastre potencial como el catastrófico.

Desde el punto de vista asegurador, es el Estado el primero quien debe asistir la necesidad de recursos económicos para la atención de las emergencias, la rehabilitación, y la recuperación post-desastre, tiene que ser dimensionada de acuerdo con la responsabilidad de cada nación.

Tienen que ser los gobiernos los primeros tomadores de riesgos, conscientes o no, y deben ser ellos los que deben formular estrategias para afrontar las consecuencias de los fenómenos naturales y, así, controlar los efectos económicos adversos.

Es menester, dentro de sus prioridades, deber formular lo que se puede denominar el Índice de Siniestralidad Incierta, además, conocidas las consecuencias del deterioro y el tiempo de restablecimiento, puede pensarse que estos riesgos catastróficos deberían de ser obligatorios.

La pérdida máxima probable (PMP), generalmente es considerada sobre una cartera de edificaciones; es un estimador del tamaño de las pérdidas máximas que sería razonable esperar en dicha cartera durante un tiempo de exposición dado.

Depende de los riesgos individuales y de la distribución geográfica de esos riesgos; el PMP es grande si hay concentraciones importantes en lugares de alto riesgo sísmico, y es pequeño si la cartera está uniformemente distribuida en una gran área geográfica.

Dado que el PMP es la pérdida máxima que se puede esperar para la aseguradora, si ésta no tuviera coberturas con reaseguradoras, las reservas de la misma deberían de ser iguales a ese PMP saldo de la reserva para riesgos catastróficos.

Tratado por varios conocedores del tema para el cálculo de la PMP, hasta ahora no he leído u oído que se considere las pérdidas humanas, y así, entonces ¿Quién calcula como determinar ese valor máximo de pérdida?

La LAA indica que una vez constituida la reserva para riesgos catastróficos, y, una vez hecha su liberación, se dirigirá una proporcionalidad razonable a un Fondo de Reservas Catastróficas Nacional, administrado por el Ministerio con competencia de Economía y Finanzas

Finalmente, esto traduce que simplemente existe la liberación de la reserva para las aseguradoras en esa otra proporcionalidad no razonable.

Autor: Act. Jesús Abraham,Prof. (j) UCV-FACES

Telf. 0416-6333-279

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