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En el 2010 se estimó que aproximadamente unos 40 millones de niños en todo el mundo padecen de obesidad y anualmente se pueden atribuir 2.800.000 muertes a esta causa.

El 65% de la población mundial vive en países donde el exceso de peso causa una mayor mortalidad que no el bajo peso por falta de alimentación.

  • Se considera sobrepeso cuando los hombres tienen más de un 20% de grasa corporal y las mujeres más de un 30%.
  • La obesidad se ha relacionado con la diabetes, la hipertensión arterial o las dislipidemias, lo que aumenta el riesgo de tener un problema cardíaco.
  • A veces la obesidad puede tener una causa genética, y existen pruebas diseñadas especialmente para descubrirlo.

La grasa corporal suele ser de un 12-20% en los hombres y de un 20-30% en las mujeres, de manera que cifras superiores a éstas indicarían un sobrepeso. Para determinar de una manera más sencilla e inmediata si una persona sufre obesidad o no, se suele utilizar a nivel mundial el cálculo del índice de masa corporal (IMC), que consiste en dividir el peso expresado en kilos entre el cuadrado de la altura en metros. Este cálculo proporciona unos intervalos que definen los estados de peso:

  • Bajo peso <18,5
  • Peso normal 18,5 – 24,99
  • Sobrepeso 25 – 29,99
  • Obesidad ≥ 30

La obesidad se establece a partir de diferentes causas, y aunque es cierto que pueden existir factores metabólicos y genéticos que predispongan a ella, la principal causa de la obesidad es el desequilibrio que se produce entre la ingesta de calorías y el consumo de las mismas, tanto mediante las reacciones metabólicas del organismo como a través de la actividad física.

La obesidad se ha relacionado mediante diversos estudios con varias enfermedades, como la diabetes mellitus tipo 2, la hipertensión arterial, las dislipidemias, afectaciones articulares y óseas, algunos tipos de cáncer y problemas respiratorios. El hecho de que la obesidad produzca un aumento de la presencia de factores de riesgo vascular como son la diabetes, la hipertensión arterial o las dislipidemias hace que la obesidad puede relacionarse con un aumento del riesgo de padecer un problema cardíaco, como puede ser una angina de pecho, un infarto o algún tipo de arritmia. La presencia de problemas de obesidad asociados a alteraciones de la tensión arterial y el metabolismo de grasas y azúcares es lo que hoy en día se denomina síndrome metabólico.

La hipertensión arterial es una de las principales consecuencias de la obesidad. Se ha comprobado que por cada 10 kilos de peso ganados se produce un incremento de la tensión arterial de unos 2-3 mm Hg. Al producirse dicho aumento se necesita que el corazón bombee con más fuerza la sangre para lograr que ésta llegue correctamente a los tejidos. Este trabajo excesivo al que se ve sometido el corazón hace que a la larga el órgano aumente su masa muscular para hacer frente al sobreesfuerzo y las arterias se engrosen, lo que dificulta el riego sanguíneo y favorece que se pueda producir un episodio cardiovascular como una angina de pecho o un infarto. Asimismo, el engrosamiento de las paredes del corazón, lo que se conoce como hipertrofia ventricular, puede conllevar alteraciones del ritmo cardíaco y un mayor riesgo de que el corazón falle y se produzca una insuficiencia cardíaca.

La grasa central, la que se acumula a nivel abdominal, hace que se liberen ácidos grasos en la sangre en exceso, hecho que afecta al metabolismo del hígado y consecuentemente a la capacidad de los tejidos de responder a la insulina, de manera que aumentan los niveles de azúcar en la sangre. La glucosa elevada en sangre daña la capa más interna de los vasos sanguíneos, lo que favorece que se produzca una arterioesclerosis, un endurecimiento de los vasos, hecho que dificulta el paso de la sangre y que, por tanto, aumenta el riesgo de que se produzca una oclusión arterial.

Del mismo modo, la obesidad se relaciona con un perfil de lípidos que predispone a la formación de oclusiones en las arterias, con cifras elevadas de triglicéridos y colesterol total, mientras que el colesterol de alto peso molecular o HDL, que tiene un papel cardioprotector, suele estar disminuido. El colesterol se deposita en la capa interna de las arterias, lo que favorece la aparición de placas de ateroma que dificultan la circulación de la sangre y favorecen la aparición de episodios cardiovasculares.

 

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