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 La aparición o acumulación de problemas promueven estallidos de ansiedad que si no se atienden a tiempo pueden degenerar en problemas crónicos.

Comer en exceso. 

La ingesta de alimentos por ansiedad es una respuesta del cuerpo ante situaciones de estrés. Se liberan muchas energías en muy poco tiempo y se siente la necesidad de reponerlas con igual con igual prontitud. De esta amanera, si se ingieren golosinas, los azúcares reponen rápidamente los niveles de energía.

El problema es que el excedente de azúcares no se quema, por lo que se acumula energía innecesaria que se convierte en grasa, lo que deriva en obesidad, diabetes y otras enfermedades asociadas.

¿Cómo solventarlo? Si sufre de ansiedad, coma una lonja de jamón de pavo, beba agua o alguna infusión, tómese un respiro o dé una vuelta.

Acumular.

La ansiedad también ocasiona la necesidad de comprar o guardar cosas. Ello se debe a la incertidumbre sobre el presente y futuro o algún vacío emocional provocado por un shock en el pasado que requiere siempre ser llenado.

Por ello, revise con frecuencia qué tiene en casa y deshágase de lo que no necesita. Guarde sus instrumentos financieros para reducir la tentación de comprar.

Asimismo, tenga presente las condiciones de tamaño de su vivienda y no acoja más personas o animales, pues nunca va a sentir que se ha saciado esa necesidad emocional.

Acuda a amistades y familiares para conversar sobre sus problemas, participe en actividades que le hagan sentir útil o busque grupos de apoyo.

Caer en depresión o estallar. 

Suele ocurrir que para no incomodar a otros con nuestros problemas o para evitar conflictos nos tragamos todo. Por otra parte, andar asumiendo cargas emocionales y de responsabilidad excesivas también nos perjudica.

Esto trae como consecuencia que lo que guardamos en nuestro interior se vaya acumulando y finalmente estalle. Empezará con períodos de tristeza que se convertirán en depresión, luego esta negatividad se irá proyectando en nuestro cuerpo y derivará en la caída de las defensas del cuerpo, con la consiguiente entrada de enfermedades e infecciones.

Otra consecuencia es la aparición de una conducta pesimista y agresiva, que puede ocasionar espirales de violencia que afectarán el entorno.

Para evitar que esto ocurra debe liberarse de cargas emocionales y de responsabilidad, entender que no todo el peso debe caer sobre usted, así como buscar alguien con quién conversar y compartir el apoyo. Asimismo, dedique tiempo de calidad para sí mismo y sus familiares. Si la situación es muy grave, no dude en acudir a un terapeuta.

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