Prevención de los trastornos motores en los niños

Los trastornos motores son anormalidades de muy diversa gravedad del tono muscular, postura, movimiento y adquisición de habilidades motrices.

Pueden ser debidos a retrasos en el desarrollo global (como los síndromes genéticos), a hipotonía, a lesiones en el sistema nervioso central o bien estar causados por parálisis cerebral.

El desarrollo motriz es una progresión de etapas en el niño desde el nacimiento a través de los cuales los bebés logran el control muscular, postural y de equilibrio. El control del movimiento es fundamental para interaccionar correctamente con el entorno e incluye sostener y manipular objetos, darse vuelta, sentarse por sí mismo, gatear, caminar, alimentarse, jugar y, por último, cuidarse a sí mismo.

Es importante identificar lo antes posible a los niños en riesgo, de modo que se puedan realizar controles adecuados del desarrollo por parte del pediatra. La identificación temprana y una intervención apropiada pueden contribuir a desarrollar el máximo potencial del niño minimizando los problemas futuros en cuanto a movilidad e integración se refiere.

Las revisiones periódicas que realiza el pediatra tienen como objetivo, en una de sus partes, realizar un despistaje de los posibles retrasos o trastornos motrices en el niño.

Factores de riesgo

1.- Durante el embarazo
– Diabetes, hipertensión, epilepsia o hipotiroidismo maternos
– Infección intrauterina
– Desnutrición materna
– Ingesta de fármacos teratógenos (que provoquen malformaciones)

2.- Durante el parto
– Infección por rotura prolongada de membranas
– Sufrimiento fetal
– Parto prematuro o múltiple

3.- Periodo neonatal
– Prematuridad o bajo peso al nacer
– Infección grave
– Hipoxia o asfixia asociada a isquemia cerebral
– Síndrome genético

El pediatra, conocedor de la historia del bebé, es clave para la evaluación rutinaria y la derivación al neurólogo y a estimulación temprana tan pronto como observe alguna anomalía tanto, en los hitos del desarrollo como en déficits motores en extremidades, cuello o tronco.

Muchos de los trastornos motores no son reversibles pero si podemos, a través de un correcto y precoz diagnóstico, que el niño desarrolle todo su máximo potencial y el mayor grado de autonomía posible.

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