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Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford usó una proteína sometida a ingeniería para dirigir los medicamentos de quimioterapia a los tumores, con la esperanza de crear “misiles teledirigidos” contra las células cancerosas.

El trabajo fue publicado en una serie de documentos en la edición de junio de Molecular Cancer Therapeutics y en la edición del 15 de junio de “Angewandte Chemie”.

El trabajo de Jennifer Cochran, profesora asociada de bioingeniería de Stanford, norte de California, en la costa oeste de Estados Unidos, se basa en el uso de anticuerpos para aplicar directamente el medicamento en los tumores, esquivando las células sanas y superando algunos de los efectos más desagradables de la quimioterapia.

En la quimioterapia contra el cáncer, la parte buena es que los fármacos con frecuencia matan a las células cancerosas; la mala es que también dañan a otras células del cuerpo que se dividen rápidamente, lo que ocasiona efectos secundarios que van desde los cosméticos, como la pérdida de cabello, hasta la inhabilitación. Lo más grave ocurre cuando la dosis de medicamento necesario para matar a los tumores es mayor a lo que puede tolerar el cuerpo de una persona.

Una dosis lo suficientemente alta como para infiltrar el tumor podría ser mortal para otras células en el cuerpo si el tumor no tiene el suficiente suministro de sangre y recibe muy poco de la droga, la cual es suministrada a través del torrente sanguíneo. Para resolver este problema, algunas terapias aprobadas recientemente en Estados Unidos usan anticuerpos para suministrar el fármaco directamente a los tumores.

“Los anticuerpos pueden estar limitados a tratar tumores sólidos porque son demasiado grandes para que sean bien penetrados”, dijo Cochran sobre su enfoque de usar una proteína. “La idea es que una molécula más pequeña podría difundirse mejor en el tumor”.

La proteína especializada tiene la potencial ventaja de poder pasar a través de la barrera que protege el cerebro, por lo que es capaz de tratar tumores cerebrales. También es más pequeña que el anticuerpo y podría ser capaz de llegar a tumores densos con poco suministro de sangre.

La idea surgió a partir del conocimiento de que las células cancerosas, y el suministro corporal que las alimenta, con frecuencia producen en su superficie moléculas particulares conocidas como integrinas. La meta del equipo de Cochran es crear una proteína sometida a ingeniería que pueda afianzarse estrechamente a esas integrinas y ser usada como un vehículo de suministro del medicamento.

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