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Internet de las cosas es una revolución de datos y de conexiones que algunos llaman big data, pero en realidad no son lo mismo.

Cuando decimos “Internet de las cosas”, nos referimos a la conexión entre distintos dispositivos, y no necesariamente de personas. El sujeto puede mediar en esa conexión pero no es imprescindible.

Esto representa un cambio de paradigma y de forma de vida porque, al estar conectados distintos dispositivos, como pueden ser los smartphones con el aire acondicionado, la nevera o el carro, que interactúan entre sí, la persona asume un rol pasivo.

Ya no se trata del sujeto que dispara las situaciones, sino que los dispositivos las realizan solos, sin necesidad de un ser humano, y de forma automática.

Es así que Internet de las cosas permitirá la conexión, por ejemplo, en la vida familiar, de todos los electrodomésticos, el celular y la computadora.

En parte podemos entender que todo esto ya está conectado con el mail en forma inteligente. Pero en un futuro -que en realidad ya está en marcha y corriendo- el mail “sabrá” cuando uno debe realizar un viaje en avión y automáticamente se conectará con los demás dispositivos y con las agendas. Se generaran acciones, sin demanda del usuario, para que todo esté coordinado.

En lo que respecta a las empresas, aparecen nuevas posibilidades. En el caso puntual de los seguros -sean de salud, de vida, contra granizo, automotor, etc.- hay variables que van cambiando continuamente. Es aquí en donde big data comienza a tomar mayor relevancia, entregando información de los aparatos conectados por internet de las cosas a las compañías.

De esta forma algunos dispositivos centrales van obteniendo información con la cual se genera un mapa dinámico de los datos interrelacionados.

Tomando como ejemplo un seguro contra granizo o inundaciones, para su cálculo se toman en cuenta indicadores como la cantidad de milímetros que llueve en determinado mes, con tendencias anuales. Hoy en día esto se puede tener actualizado a la hora.

De esta forma, frente a un período inesperado de lluvias fuertes o de granizo, las compañías podrán realizan un pacto con sus clientes para avisarles, con una hora de anticipación a que esto suceda, y modificar los contratos y los pagos de la póliza.

Lo mismo pasa a nivel de los seguros de salud. Se puede generar un cronograma de prevención del individuo con variables como vacunas, análisis de sangre, estudios de diagnóstico, entre otros. Si estos no se realizan en tiempo y en forma, en donde el mail y el celular lo saben por la agenda -que a su vez se conecta con el servicio de salud-, se podría cambiar la cláusula y aumentar la prima. Así, se genera un mapa dinámico del acuerdo entre el asegurado y el asegurador. Esto presenta la ventaja del ahorro para ambas partes y a su vez evita el daño social con situaciones de prevención.

También se puede contar con un sistema de alarmas de situaciones inesperadas. Por ejemplo. si el celular, o alguna tecnología wearable detecta una situación anómala en las variables vitales, se dispara una alerta sobre la necesidad de acudir al médico.

Otro ejemplo podría ser un seguro de cultivos. Con la utilización de un dron que sobrevuela el área y reporta una anormalidad en cuanto a la maleza, la cantidad de minerales, agua o bacterias, entre otros organismos que puedan afectar la cosecha, se podrían modificar las variables en tiempo real.

También los autos que se manejan sin conductores. Esta nueva tecnología va a reducir los accidentes de tránsito, ya que el 90% de los siniestros suceden por impudencia de la gente. Esto acarreará grandes ahorros al tiempo que se generarán nuevos servicios rentables.

Con todos estos datos y el eficiente manejo de las alarmas tempranas, se producen cambios en la forma de relacionamiento de las empresas y las personas. En este escenario, los seguros contarán con información en tiempo real para optimizar los costos y generar nuevas oportunidades de negocio.

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