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Aunque poder cometer un fraude contra una aseguradora cada vez es más difícil, en los países en crisis las personas no dejan de intentarlo.

Las aseguradoras cuentan con equipos especializados de investigación de fraudes, y esto es rentable para las compañías de seguros porque por cada suma de dinero invertida en investigar, se ahorran mucho más en fraudes que encuentran y resuelven.

El fraude más típico es causarle daños a la latonería del vehículo para enviarlo a pintar.

Otro fraude es en los seguros de vivienda. Fingir un robo en el que se hayan llevado objetos valiosos que tuviésemos asegurados. Sin embargo, es complicado manejar todos los detalles del robo, y los expertos investigadores de fraudes saben cómo demostrar que el robo es inexistente.

Y tratar de hacer pasar una cirugía estética como una emergencia o una operación obligatoria, con la complicidad de profesionales de la medicina también es una práctica común, nada recomendable.

En algunos casos de fraude a las empresas aseguradoras existe complicidad interna, que permite la tramitación del siniestro.

Sin lugar a dudas la crisis económica es la causa principal del aumento de los fraudes. De hecho, se ha descubierto que los fraudes al seguro de tipo no profesional han aumentado; es decir, los propietarios de tiendas y pequeñas empresas que simulan intentos de robo o incendio para reclamar la indemnización correspondiente. Obviamente, las organizaciones criminales dedicadas al fraude organizado continúan existiendo pero no representan un problema de gran magnitud.

Probablemente muchas de las personas que han optado por realizar los fraudes al seguro piensan que esta es una forma fácil de obtener un beneficio pero lo cierto es que este tipo de comportamientos reporta un gasto considerable para todos los clientes pues aumentan los costos de las pólizas.

Más allá de la crisis económica, uno de los factores que inducen a las personas a cometer fraudes al seguro es la creencia de que las aseguradoras son entidades financieras que producen dinero sin ningún tipo de sacrificio. Sin embargo, realmente las compañías de seguro se parecen más a un fondo público de ahorro al cual contribuye cada uno de los clientes que, a su vez, tendrá derecho a un resarcimiento en correspondencia con su contrato. Por ende, los fraudes al seguro terminan revirtiéndose sobre todos nosotros. Defraudar al seguro, no es seguro.

 

 

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