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Dormir y tener un sueño reparador no es tarea fácil para todo el mundo.

Hay quienes se pasan la noche dando vueltas tratando de conciliar el sueño, mientras otros logran dormirse a los pocos segundos de dejarse caer en la cama.

Algunos culpan al estrés, a la calidad de la almohada o incluso a la alimentación. Pero lo cierto es que hay factores que no dependen directamente de nosotros.

Un equipo de científicos la Universidad de Michigan (EE.UU.) acaba de demostrarlo, gracias a una aplicación que les permitió medir patrones de sueño, analizando datos a nivel global y utilizando modelos matemáticos y estadísticas.

El estudio, publicado en la revista especializada Science Advances, pone de manifiesto una serie de condicionantes que, según los investigadores, podrían ser clave para combatir la “crisis mundial de sueño” que estamos atravesando.

“La sociedad nos empuja a quedarnos despiertos hasta tarde, pero nuestros relojes corporales tratan de que nos levantemos más temprano y, entretanto, nuestras horas de descanso están siendo sacrificadas”, le contó a la BBC Daniel Forger, uno de los autores del análisis.

¿Qué factores hacen que unos duerman mejor o peor que otro?

La edad tiene “un efecto importante” en nuestro descanso, dicen los expertos.

Los menores de 30 años se despiertan y se acuestan a horas muy diferentes, pero “este amplio rango de horarios se limita con la edad”, dijo Forger.

Podemos decir, por lo tanto, que a medida que envejecemos nuestros hábitos de sueño convergen.

“La edad tiene una relación no lineal con los horarios y la duración del sueño; a medida que aumenta la edad, dormimos menos horas y nos levantamos más temprano”, explicaron los investigadores.

En general, los hombres de mediana edad son los que menos duermen, de acuerdo con el estudio.

Las mujeres duermen un promedio de 30 minutos más cada noche que los hombres, especialmente en edades comprendidas entre los 30 y 60 años.

Los datos revelaron que ellas se acuestan antes y se despiertan algo después que ellos.

“Las mujeres suelen dormir más horas (a partir de nueve) y muestran menos cambios en los hábitos de sueño a medida que envejecen”, explicaron los científicos.

El país y la cultura del lugar donde vivimos también influyen. Por ejemplo, los resultados mostraron que los holandeses duermen una hora más de promedio que quienes viven en Singapur o Japón (en donde duermen unas siete horas y 24 minutos cada noche).

Pero, por lo general, cuanto más tarde “se va a dormir” un país, menos duermen sus habitantes. Aunque, sin embargo, la hora a la que el país se despierta apenas afecta a lo que dormirmos.

El conflicto, según Forger, se produce entre el deseo de permanecer despiertos hasta tarde y nuestro reloj biólogico, que nos urge a salir de la cama temprano.

Las horas de luz también son fundamentales, y es necesario diferenciar entre luz natural y artificial.

Es que es importante tener en cuenta cómo responde nuestro reloj biológico a las diferentes horas de luz.

“La luz es la señal primaria del reloj circadiano y tiene la mayor influencia (comparada con la comida y el movimiento)”, dijeron los especialistas.

Aquellos que pasan más tiempo expuestos a la luz solar suelen irse a la cama temprano y, generalmente, duermen más que quienes pasan casi todo el día bajo luz artificial.

El estudio reveló que las presiones sociales pueden alterar nuestros ritmos de sueño, pues tienen la capacidad de poder anular nuestros ritmos circadianos naturales (ritmos biológicos).

De esta manera, “ignoramos” nuestros relojes biológicos, que nos dictan la hora a la que deberíamos irnos a dormir.

 

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