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Parte II

“La política es para los políticos; la tecnología y el avance son fortalezas de los tecnócratas. En la tecnocracia, los dirigentes no están subordinados a la política, que todo lo entorpece”.

                                                                           El Autor.

El Consejo Nacional de Seguros fue instituido por resolución de la Ley de Empresas de Seguros y Reaseguros, decretada el día 28 de junio de 1965, legislación que “sentó las nítidas bases de lo que sería la organicidad” del seguro en Venezuela, según la crónica escrita que hice en aquella primera ocasión; con la nacencia del Consejo Nacional de Seguros, a la par se institucionalizaba legalmente la Superintendencia de Seguros en Venezuela en dicho instrumento jurídico, quien venía actuando como entidad reguladora “oficialmente” desde el año 1958, por Decreto de la Junta de Gobierno presidida por el Vicealmirante Wolfgang Enrique Larrazábal Ugueto.

Aunque el Consejo Nacional de Seguros no simbolizó originalmente el concierto unánime de todos los miembros implicados del sector asegurador venezolano, su génesis suscitó una excepcional expectativa, pues a su alrededor se produjeron “originales y controvertidos” debates y coyunturalmente, fue “moderador” de agudas “lides técnicas”, como la elaboración en los contenidos de pólizas y anexos, mediación en competencias desleales y la comercialización de productos, entre otros.

También tuvo como competencia siempre, la evacuación de consultas a petición del Ejecutivo Nacional de la República de Venezuela y la “coordinación de las prácticas de las actividades aseguradoras”. Su error originario, fue no involucrar a todos los actores del momento, como a los Intermediarios de Seguros y ese hecho, representó su reformulación ulteriormente.

Para 1975 se promulgó una nueva Ley de Empresas de Seguros y Reaseguros, que concebía la admisión de los Intermediarios al transmutado Consejo Nacional de Seguros (a través del Colegio Venezolano de Productores de Seguros) y de un integrante de las sociedades de corretaje de seguros, representadas por Cavecose (Cámara Venezolana de Empresas de Corretajes de Seguros), quienes en minusvalía, obtuvieron la deferencia de sus pares en dicho Consejo.

En 1994 y después de muchas discusiones sobre el caso, se reestructura el contenido legal sobre la funcionalidad del Consejo Nacional de Seguros, equilibrando el número de participantes, incorporando a otros gremios, como a los reaseguradores, auxiliares, etc, así como otorgándole otras incumbencias, entre las que destacaban “el sometimiento a la aprobación de la Superintendencia de Seguros de prácticas administrativas y contables”, “las tarifas que hubiesen de aplicarse con carácter uniforme” y “elevarse al Superintendente de Seguros sus observaciones o quejas sobre dichas actividades”.

   MI experiencia en el Consejo Nacional de Seguros, donde representaba a los Agentes Exclusivos Definitivos (1998-2001), me ilustró: 1°.- Que puede y así fue, coexistirse en un ámbito favorable para todos, aunque cada quien tenga su particular estilo de exteriorizar sus ideas; 2°.- Que puede y así fue, existir el respeto mutuo; y 3.- Que politizar el tema es un craso error; más que ayudar, es un obstáculo.

   No concibo a un Consejo Nacional de la Actividad Aseguradora, que puede ser gestado mediante una Providencia, sin la implicación de todos: Empresarios, Intermediarios naturales, Corretajes de Seguros, Reaseguradores, Auxiliares y Usuarios organizados. A su natural éxito y al de la “industria aseguradora”, debemos encaminarnos; andamos como dispersos.

   Y para concluir, quiero hacer mención a las frases emitidas por el Lic. Carlos Luengo en el año 2006, ex Presidente de la Cámara de Aseguradores de Venezuela, con motivo de las otrora discusiones del actual texto de Ley (aprobado en el 2010):

     “Creemos que como está planteado no refleja la representatividad del sector. Presentamos una propuesta de cómo pensamos debería estar conformado; debería ser un espejo de los actores del mercado”.

   Y los actores somos nosotros. Por eso, coincidente me permito vocear en latín otra vez: “Graecum est, non legitur”.

Autor: Prof. J. Pastor Ascanio Heres.

Asesor de Seguros-Historiador

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