¿Por qué engordamos con la edad?

Al principio, es probable que casi no notemos que engordamos con la edad.

La ropa nos queda un poco más apretada o hasta es posible que tengamos que comprar una talla más de alguna que otra zona pero, a medida que pasan los años, y sin alterar nuestros hábitos alimenticios (o eso creemos), los centímetros de cintura van ascendiendo.

La mala alimentación, el sedentarismo o los medicamos pueden hacer que ganemos peso pero estos son los motivos más frecuentes:

Inactividad física y pérdida muscular

La energía con la que cuentan los pequeños y el hecho de que estén prácticamente siempre en movimiento hace que rara vez estén fuera de un peso normal. Con el paso de los años, pasamos cada vez más tiempo sentados y cuando llegamos a la madurez, somos mucho menos activos. Esta falta de actividad física conlleva una pérdida de músculo conocida como sarcopenia (perdemos entre un 3-5% de masa muscular cada 10 años a partir de los 30) y un consecuente aumento de la grasa.

Más estrés

El estrés afecta a la capacidad del cuerpo para optimizar la forma en que procesa los nutrientes y los alimentos, lo que también suele llevar a comer de forma menos sana e incluso a comer en exceso (y por ello aumentando la ganancia de peso). A medida que envejecemos y asumimos más responsabilidades, la tensión aumenta y con ello el estrés. Este estrés tiene otra serie de efectos sobre la salud más allá de aumentar peso, como una función inmune más baja, presión arterial alta y aumento del colesterol.

Disminuciones hormonales

El proceso de envejecimiento se asocia a menudo con una disminución significativa de muchas hormonas incluyendo la hormona del crecimiento, el estrógeno, la progesterona, la testosterona y las dos hormonas tiroideas. Esta disminución natural comienza alrededor de los 30 años de edad y a los 65 años, estos niveles están por debajo de los límites inferiores de lo considerado normal en individuos jóvenes y sanos. Esta bajada general de hormonas provocan un aumento de la grasa abdominal, trastornos del sueño, del humor o la pérdida de fuerza muscular.

Para luchar contra este proceso, los expertos recomiendan tener muy en cuenta llevar un estilo de vida saludable, una dieta baja en calorías pero nutritiva y realizar ejercicio físico moderado.

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