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El ají picante se presenta en variedad de tipos e intensidad. Los que dan apenas un toque de sabor y los que quitan la respiración y hacen llorar.

Durante miles de año el ají picante, los chiles, jalapeños, o la pimienta han sido parte de un placer culinario y masoquista de los humanos, únicos mamíferos en consumirlo.

Pero más allá de su sabor, hay razones médicas que señalan que el picante puede convertirse en nuestro mejor aliado. Pero, ¿por qué?

Paul Bosland, de la Universidad del Estado de Nuevo México, en Estados Unidos, indicó a BBC Mundo que hace 20.000 años, cuando el hombre llegó al hemisferio occidental, se encontró con una planta que le producía dolor.

“La planta –el ají- los afectaba, pero se propusieron domesticarla porque le encontraron utilidad, y creo que fue para fines medicinales”, relata Bosland.

Pero ese poder para sanar, se contrasta con el potencial para producir lesiones, y eso ha generado históricos debates entre científicos, médicos y nutricionistas.

Un equipo de la Academia de Ciencias Médicas de China revisó durante varios años el comportamiento de casi 500.000 participantes de un estudio en ese país.

Encontraron que los individuos que afirmaban utilizar picante en sus comidas una o dos veces a la semana, registraban una tasa de mortalidad 10% menor que aquellos que consumían picante menos de una vez por semana.

La diferencia se amplía a medida que las personas ingieren alimentos picantes seis o siete veces a la semana.

El ají picante fue la especie más utilizada en las muestras del estudio, y quienes lo consumieron fresco disminuyeron en particular el riesgo de morir de cáncer, enfermedades coronarias y diabetes.

Lu Qi, miembro del equipo investigador y amante del picante, señala que hay muchas razones que explican estos efectos.

“Los datos obtenidos nos animan a pensar que al comer más comida picante mejoramos nuestra salud, y reducimos el riesgo de mortalidad en personas de edad avanzada”, comenta.

No obstante, Qi aclara que el picante puede que no sea beneficioso para personas con problemas digestivos o úlceras estomacales.

El poder del ají reside en una placenta amarilla a la cual están pegadas las semillas. En ese lugar se esconde su arma secreta: la capsaicina, un compuesto químico que genera irritación en los mamíferos.

En el códice azteca se muestra cómo se utilizaba el picante para calmar el dolor de dientes, una función analgésica que se mantiene hasta nuestros días.

La eficacia del ají para combatir microbios tuvo gran relevancia en los tiempos previos a la medicina y a la refrigeración, y en especial en zonas ubicadas cerca del trópico, donde las personas eran más vulnerables a las bacterias que podían afectarlos o a sus alimentos, pues el chile picante destruye o inhibe 75% de estos patógenos.

En algún momento se llegó a decir que los habitantes de países con clima caluroso comían picante porque los hacía sudar, lo cual refrescaba la piel.

En 1988 investigadores de la Universidad de Cornell descubrieron que en países como India, Tailandia y China, el uso de las especies tendía a ser por su condición antibacterial.

Ahora también se sabe que es una fuente de antioxidantes. Por ejemplo, 42 gramos de esta especie puede sustituir la dosis diaria de vitamina C, aunque hay que admitir que esa cantidad puede darle un sabor muy fuerte al curry. También son ricas en vitamina A, y en minerales como hierro y potasio.

La capsaicina ha sido incluso vinculada con la pérdida de peso. Estudios realizados por la Universidad de Wyoming, en Estados Unidos, revelan que ratones alimentados con una dieta alta en grasas registraron una aceleración del metabolismo, logrando quemar más energía y de esta forma perder peso.

Otro experimento publicado el mes pasado y realizado por la Universidad de Adelaida, Australia, descubrió que la interacción entre la capsaicina y las paredes del estómago juegan un papel importante en la sensación de sentirnos llenos.

En 2012 un equipo de nutricionistas de la Universidad China de Hong Kong, que experimentó con hámsters, detectó que la capsaicina ayudaba a destruir el llamado “colesterol malo”, que puede obstruir las arterias de los animales, y deja el “colesterol bueno”, que ayuda a remover cualquier obstrucción.

También se descubrió un segundo beneficio para la salud cardíaca: la capsaicina pareciera impedir la acción del gen que contrae las arterias, restringiendo el flujo sanguíneo.

Por otra parte, se han obtenido resultados positivos en experimentos con ratones con células de cáncer de próstata y de pulmón, así como también hay indicios de ser efectiva contra afecciones en el colón.

Sin embargo, antes de hacer cambios drásticos en tu dieta, estos experimentos deben replicar sus resultados cuando se practiquen en humanos.

“Hay muchos reportes que señalan los efectos positivos de la capsaicina en la salud de las personas, especialmente con cáncer, pero también hay otros estudios que demuestran lo contario”, advierte Zigang Dong, del Instituto Hormel, de la Universidad de Minnesota.

Las investigaciones enfocadas en el efecto de la capsaicina en el estómago de los seres humanos presentan hallazgos abiertamente divergentes.

Unos muestran sangramiento gástrico luego de consumir picante rojo, y otros no muestran reacción negativa alguna, incluso cuando se ha introducido jalapeños directamente en el estómago.

“Probablemente afecta al estómago o al esófago porque la capsaicina causa inflamación. Y si algo causa ardor o inflamación es porque puede matar células y por ende, producir inflamaciones crónicas que pueden ser muy dolorosas”, explica Dong.

Como se puede apreciar, el chile picante se mantiene como un enigma. No obstante, sea amigo o enemigo, estamos cada vez más expuestos a él.

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