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La causa más habitual de un esguince es un mal apoyo y un giro forzado de la articulación, afectando al ligamento.

El esguince puede clasificarse en distintos grados en función de la afectación del ligamento. Será de grado I cuando ocurre una distensión, grado II cuando existe una rotura parcial o desgarro y de grado III cuando la rotura es completa. En general, se acompaña de mayor o menor hinchazón y dolor.

El tratamiento dependerá del grado de la lesión, pero en general suele ser de tipo conservador: evitar apoyo y carga sobre la articulación afectada y aplicar un vendaje funcional, además de promover la práctica de ejercicios de rehabilitación-propiocepción.

Cuando un esguince se cura mal, sea por no realizar ningún tipo de tratamiento o por no completarlo una vez iniciado, una de las consecuencias más frecuentes es la inestabilidad. Una articulación que queda inestable es mucho más propensa a recaer. Hay que tener en cuenta que el objetivo del tratamiento es devolver las estructuras a la normalidad, ya que si no les damos tiempo a cicatrizar y a recuperarse, es mucho más fácil que recidive. Además, no sólo el ligamento afectado se debilita, sino que la musculatura adyacente puede debilitarse también, y por ello una correcta recuperación es esencial.

La afectación no se produce únicamente a nivel funcional sino que el paciente puede quejarse de dolor crónico que puede llegar a ser tan molesto que impide realizar los movimientos básicos con normalidad. Queda como un síntoma residual que requerirá de una nueva valoración para poder establecer qué sucede y resolverlo.

Es pues cuestión de tiempo y dedicación que un esguince se cure bien. Conociendo cuales pueden ser las consecuencias lo más recomendable sería seguir la pauta de recuperación.

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