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El tiempo que le lleva a un conductor localizar el teléfono, recogerlo, leer el mensaje, registrar la información y volver a guardarlo puede determinar el futuro de su vida. Son segundos, pero pueden ser fatales.

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Es que la desconcentración que provoca el teléfono al volante es directamente proporcional a la falta de respuesta ante una decisión inmediata que se debe tomar al volante. Cualquier instante que tome la atención del conductor durante más de dos segundos es demasiado largo teniendo en cuenta la serie de circunstancias imprevistas que genera el tránsito.

La cantidad de accidentes causados por personas que hablan por teléfono mientras conducen está creciendo en todo el mundo. La atención que demanda la comunicación telefónica distrae al conductor y la tensión que puede provocar el contenido de la llamada perturba su tarea de conducir, con la consecuente producción de demoras o errores en las acciones.

Cuando el mensaje llega, quien maneja cree estar apto para responderlo sin inconvenientes. “Son sólo unas palabras”, se suele pensar. Pero es más que eso. Un estudio realizado por el Institute of Advanced Motorists (organización sin fines de lucro dedicada a mejorar los estándares de conducción en el Reino Unido) explica que “responder mensajes través del celular, mientras se conduce un vehículo, es más peligroso que manejar alcoholizado”.

Lo interesante del estudio es que se comprobó que la influencia del cannabis y del alcohol afecta menos a su capacidad de reacción. En el caso de la marihuana, la atención del conductor se vio afectada en un 21 por ciento, mientras que los conductores con la dosis máxima permitida de alcohol en sangre sólo vieron disminuida su capacidad de reacción en un 12,5 por ciento.

¿Grave como una adicción?

Una investigación de la Universidad de Wisconsin, encabezada por la psicológa estadounidense Susan Weinschenk, muestra que los mensajes de texto al volante pertenecen a un comportamiento de dopamina impulsada. Escuchar que suena el celular provoca una reacción de dependencia alarmante, como si toda nuestra vida dependiera de ese mensaje que acaba de ingresar. Weinschenk explica que no exageran quienes dicen que leer los mensajes de texto mientras se conduce es como conducir borracho.

Hay una adicción permanente por saber qué es lo último que se dijo en Twitter o se publicó en Facebook.La relación con un adicto parte desde allí, en donde la dependencia por una distracción que se sabe puede costar demasiado cara, se disimula con excusas sin demasiados argumentos. Porque el último video se tiene que ver ya o porque la última noticia no puede esperar.

Si una persona no puede tomar conciencia y aceptar los riesgos que ocasiona el celular al volante, está en problemas. La mayoría dirá que sólo lo usa en los semáforos o cuando el tránsito está detenido. El inconveniente radica en que se empieza por el hecho más insignificante y se llega al máximo de los extremos. No merece ser un tema más, porque el final puede ser terrible. Y no sólo para quien conduce.

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