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El valor de las operaciones de fusiones y adquisiciones (M&A) del sector asegurador en el mundo ascendió a casi 150.000 millones de dólares, según El Economista.

Este proceso de integración se ha alimentado, entre otros factores, por un alto nivel de capital en muchos segmentos, principalmente en el reasegurador; por unas condiciones de financiación bastante favorables y por la aparición de nuevos compradores, como grandes conglomerados corporativos o fondos soberanos de Extremo Oriente.

S&P ha realizado un estudio analizando las cien principales operaciones de M&A en el sector de seguros en los últimos veinte años, y llegó a la conclusión de que el impacto para las compañías compradoras ha sido, en general, más negativo que positivo.

El estudio analizó tres parámetros para medir el impacto de la operación a corto, medio y largo plazo. Y los resultados han sido esclarecedores: en las 100 transacciones de más tamaño, el valor de las acciones bajó de media un 20% un año después de la fecha del anuncio; en las 50 transacciones más grandes, cinco años después de la adquisición, el rating de la mayoría de las compañías compradoras no mejoró (el 38% bajó, por lo menos, un escalón y el 30% se mantuvo); y, en las 100 transacciones más importantes, una de cada ocho liquidó o vendió la empresa adquirida.

Estos datos evidencian que la integración de una nueva entidad, con su historia, cultura y sistemas, en una organización ya existente puede representar un importante desafío financiero y operativo.

Las reestructuraciones de gran envergadura pueden desviar del negocio diario recursos humanos y de capital y dependiendo de cómo se haya financiado la adquisición, pueden además incrementar el coste de la deuda y de los rendimientos esperados por los accionistas.

Además, durante el proceso de integración, las bondades propias de las compañías, como sus marcas u otros elementos, pueden desaparecer.

El estudio muestra, sin embargo, que las acciones de rating que S&P tomó sobre las entidades adquiridas fueron más positivas. Generalmente, la fortaleza financiera de las compañías compradas se benefició del cambio de propiedad, especialmente aquellas empresas que estaban potencialmente en venta porque atravesaban dificultades financieras o de negocio.

Otras veces, entidades más pequeñas pero bien gestionadas se beneficiaron por el mayor reconocimiento de marca que poseía el grupo que las adquirió, bien por sus mayores redes de distribución, por su diversificación geográfica o de producto, o por una gestión más eficaz de los recursos humanos y del capital.

Hacer frente a la regulación y la competencia suele ser más complicado e implica mayores costes para entidades de menor tamaño. Por tanto, las sinergias por aplicar economías de escala, especialización, prácticas más formales de gobierno corporativo, transparencia y capacidad de comunicación, por lo general, aumentan con el tamaño.

La diversificación y el tamaño, si están bien gestionados, benefician no sólo al perfil de riesgo y a los requisitos de solvencia, sino también a la posición de negocio, gracias a la mayor cuota de mercado y a la consiguiente capacidad para manejar, y no sufrir, los cambios del entorno, reduciendo la amenaza de competidores y de posibles compradores no deseados.

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