Languidece a pesar de la necesidad de mantener el parque automotor venezolano y la movilidad terrestre en el país.

Es decir, tanto de particulares, como del transporte de mercancía y el transporte público.

La tasa de envejecimiento de nuestro parque automotriz es alarmante .

En efecto, dada la reducidísima incorporación marginal de nuevas unidades que mejoren el promedio ponderado de este ratio.

Ello sin contar el número de unidades paralizadas, que para algunas flotas de transporte supera el 50%.

Aún cuando siguen siendo contabilizadas en las estadísticas del parque automotor venezolano.

Durante el primer trimestre de 2018 se comercializaron en el mercado automotriz venezolano 350 unidades en términos acumulados.

Por otra parte, 349 resultaron de origen doméstico y la unidad restante de origen importado.

Este nivel acumulado de unidades contrasta con el nivel de 665 unidades comercializadas en el mercado durante el primer trimestre de 2017, implicando una contracción del 47,4%.

Las unidades comercializadas en marzo de 2018 fueron 132 -todas de origen doméstico.

Mientras que en marzo de 2017, fueron las 293 unidades , representando una disminución del 54,9%.

La comercialización fue liderada por:

  •  Toyota de Venezuela con 82 unidades.
  •  Ford Motors de Venezuela con 40 unidades.
  • FCA Venezuela Llc con 10 unidades.

Toyota de Venezuela posee los dos modelos más comercializados en marzo de 2018, la Hilux con 44 unidades y la Fortuner con 29 unidades.

Luego le siguen el modelo Cargo 1721 con 12 unidades y la Explorer con 11 unidades.

Estos constituyen los vehículos tercero y cuarto más comercializados en marzo de 2018.

Estos forman parte del menú de Ford Motors de Venezuela.

Entre las causas de tan alarmete colapso del sector y de sus consecuencia se encuentran:

· Un modelo económico y de control de cambio que conculcó la soberanía del consumidor.

Es decir,  decisiones administrativas privaron sobre qué sector tendría acceso a materias primas e insumos de origen importado.

· Un control cambiario que eliminó cualquier expectativa de repatriación de dividendos, desvirtuando la naturaleza de las operaciones en el país.

· Decisiones judiciales en contra de ensambladoras en franca lesión al interés público económico y a la eficiencia económica.

· Una crisis económica y una hiperinflación que pulverizó el poder de compra del bolívar.

Igualmente, los sueldos y salarios, especialmente respecto a bienes duraderos como los vehículos.

· Una política automotriz errada, con esquemas de desincentivos en contraposición a los incentivos requeridos, pésimamente diseñada.

· Indolencia oficial por la desaparición de la contribución de este sector económico a la economía nacional, y desaparición de espacios de trabajo.

· Políticas laborales que lejos de dar la flexibilidad necesaria para adecuarse a la coyuntura económica, comprometían el sostenimiento del capital de trabajo de las empresas del sector.

· Un Estado que ha pretendido ser empresario en el sector automotriz.

Incluso, en segmentos de vehículos que constituyen bienes privados de consumo privado por excelencia.

Hay quienes esperan un mejor futuro para este sector, dado el beneficio que pudiera continuar aportando  al país.

Así  mismo, incrementarlo por medio de su capacidad de contratación y remuneración de factores productivos domésticos en contraposición a la alternativa de la importación.

Sobre todo, dado el elevadísimo nivel de desempleo formal y empleos precarios en el país.

Una vez que este sector podría volver a contribuir con el PIB nacional cuyo valor no representa ni el 60% de lo que fue hace un lustro.

Por otra parte,  urgente necesidad de reducir la carga fiscal del Estado para financiar empleos públicos no productivos y mal remunerados.

Incluso, que rivalizan con el sector privado productivo en el mercado laboral nacional.

Finalmente, destacar  el potencial contributivo y progresivo de este sector al fisco nacional, dada a los efectos derrames que tiene un sector verticalmente complejo y desarrollado.

Autor:Enrique González.

*Ex presidente de la Cámara Automotriz de Venezuela (CAVENEZ), Economista. Master in Competition and Market Regulation, BarcelonaGSE, Universidad Pompeu Fabra, Universidad Autónoma de Barcelona. Master en Economía Industrial, Universidad Carlos III de Madrid. Master en Economía y Derecho del Consumo, UCLM. Postgraduate Diploma in Economics for Competition Law, Kings College London, University of London.