Recuperar la alegría es tu opción, pues eres tú el que decide como quieres sentirte, independientemente de las circunstancias que te rodean.

La ciencia y la experiencia han revelado que los seres humanos somos esencialmente emocionales.

La vieja idea del “pienso y luego existo” ha sido cuestionada.

Ahora sabemos que las emociones son las auténticas rectoras de casi todas nuestras decisiones.

Sin embargo, tenemos poder, veto y podemos romper los automatismos y crear emociones voluntariamente.

Una de esas emociones que podemos elegir, que tiene un valor positivo, pues resulta a la vez agradable y beneficiosa, es la alegría.

Incluir alegría en nuestra emocionalidad cotidiana puede ser una decisión trascendente.

Se trata de una emoción impulsadora que saca lo mejor de nosotros:

  • Nos hace entusiastas y colaboradores.
  • Motiva percepciones positivas.
  • Reduce el estrés.
  • Aumenta los niveles de energía.
  • Nos otorga mayor resistencia.
  • Es el estado ideal para quienes desean vivir bien.
  • La alegría, la serenidad y la confianza, configuran la triada de emociones que favorecen el éxito.

Sin embargo, se entiende que resulte difícil mantener la alegría en contextos que valoramos como:

  • Complicados.
  • Exigentes.
  • Injustos.

No es fácil que personas que se sienten apabulladas por la escasez, la inflación y la delincuencia, puedan o quieran mantenerse alegres.

Pero nunca es tan necesario el remedio como cuando la enfermedad está en su apogeo.

Víctor Frankl, destacado psiquiatra austríaco creador de la Logoterapia, que estuvo preso en varios campos de concentración durante la segunda guerra mundial, dijo:

“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo la última de las libertades humanas, que es la elección de su actitud ante las circunstancias, para decidir su propio camino”.

Aunque en ocasiones no estamos en la capacidad de elegir las circunstancias, sí podemos elegir las actitudes.

Podemos elegir:

  • Perecer ahogados o nadar hasta llegar a la orilla.
  • Aprender a ver lo bueno que hay en medio de lo malo.
  • Ser emocionalmente productivos.

Nuestro estado emocional es un súper recurso, una llave maestra para enfrentar adversidades.

No necesitamos vivir culpándonos, atemorizándonos u odiándonos, pues ya son muchos los dramas nos llegan desde afuera.

Tenemos la opción de conservar nuestra alegría, para lo cual hay tres decisiones que deben ser tomadas:

  • Perdonar.
  • Agradecer.
  • Mantenerse optimista.

El perdón, es la capacidad de cortar los dolores pasados y renunciar a la opción de la venganza, de trascender el rencor corrosivo.

Se logra cuando asumimos que todo tiene una razón de ser, que todos lo hacen lo mejor que pueden y que es mejor aprender y avanzar, que vivir sufriendo.

La gratitud, es la disposición de reconocer lo bueno que hay en nuestras vidas aquí y ahora, de priorizar el enfoque en lo positivo, lo útil, lo favorable.

En cuanto al optimismo, puede definirse como la expectativa de lo óptimo, la capacidad de desear, buscar y confiar que nos ocurrirán cosas buenas, que “Dios también existe para nosotros”.

Seamos vigilantes de lo que llega a nuestra mente.

Filtremos lo negativo y no cedamos ni a la aflicción ni al odio.

Aplica aquí la frase del pastor británico Charles Spurgeon:

“Entre dos males, no elijas ninguno”.

Caminemos por la senda de la alegría, dejémosle abierta una rendija de entrada, pues un poco de alegría cada día, puede cambiar nuestro modo de ver y de abordar los retos que nos aguardan.

Eres tú quien debe elegir como desea sentirse.

Que no sean otros quienes decidan el color de tus sentimientos.

Recuerda que al final de la historia, como dijo Ramón de Campoamor:

“Todo es según el color del cristal con que se mira”. Gracias por leerme.

Autor: Dr. Renny Yagosesky , Ph.D en Psicología, Conferencista y Escritor.

Twitter e Instagram: @doctorrenny

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