La pérdida de peso involuntaria puede estar provocada por la pérdida de grasas del cuerpo, la pérdida de fluidos corporales, una atrofia muscular, o incluso una combinación de estos factores.

Generalmente se considera como un problema médico cuando se ha perdido al menos un 10% del peso corporal en seis meses o el 5% en el último mes. Otro criterio que se usa para determinar si el peso es demasiado bajo es el índice de masa corporal (IMC).

La pérdida de peso involuntaria es un motivo de grave preocupación en personas mayores o frágiles.

Puede ocurrir debido a una dieta inadecuada donde los nutrientes no aportan la suficiente energía para suplir las necesidades de una persona (desnutrición). También pueden causar pérdida de peso involuntaria las enfermedades, los cambios en el metabolismo, los cambios hormonales, los medicamentos u otros tratamientos, los cambios en la dieta, o la disminución del apetito asociada con una enfermedad o con un tratamiento. Una absorción pobre de los nutrientes (malabsorción) puede estar causada por fístulas en el tracto gastrointestinal, diarrea, interacciones entre fármacos y nutrientes, agotamiento de enzimas y atrofia muscular gastrointestinal.

Una pérdida de peso continuada puede provocar un desgaste y acabar en un trastorno definido como caquexia. La caquexia difiere de la inanición porque conlleva una respuesta inflamatoria sistémica. La caquexia se asocia con peores resultados. En las etapas avanzadas de una enfermedad progresiva, el metabolismo puede cambiar provocando una pérdida de peso, incluso cuando se está recibiendo lo que normalmente se considera una nutrición adecuada, ya que el cuerpo no puede compensar esa pérdida. Esto conduce a un trastorno llamado síndrome de caquexia-anorexia, para el que no suele funcionar la nutrición o la suplementación adicional. Los síntomas de este síndrome son una pérdida de peso grave por perder músculo en lugar de grasa corporal, una pérdida de apetito y la sensación de estar lleno después de comer pequeñas cantidades, así como náuseas, anemia, debilidad y fatiga.

La pérdida de peso grave puede reducir la calidad de vida, perjudicar la eficacia de los tratamientos o la recuperación, empeorar una enfermedad y ser un factor de riesgo para una alta tasa de mortalidad. La malnutrición puede afectar a todas las funciones del cuerpo humano, desde las células a las funciones corporales más complejas, tales como la respuesta inmune, la cicatrización de las heridas, la fuerza muscular (incluyendo los músculos respiratorios), la capacidad renal (que conduce a trastornos de los electrolitos y del agua), la termorregulación y la menstruación.

Además, la desnutrición puede conducir a la deficiencia de vitaminas y minerales, así como a falta de actividad, lo que a su vez puede predisponer a otros problemas como las úlceras por presión.

La pérdida de peso involuntaria es una de las características más significativas para el diagnóstico de enfermedades como el cáncer y la diabetes tipo 1.

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