Fraudes blandos son aceptados socialmente generalmente por sus montos bajos, pero igualmente constituyen un riesgo moral alto que puede originar grandes pérdidas por su frecuencia.

Los pagos de este tipo de siniestros en general no son onerosos.

Sin embargo, representan un volumen de reclamos que causa pérdidas millonarias para el mercado mundial del seguro.

La importancia de generar campañas de concientización es uno de los motivos que más promueve este tipo de casos es la aceptación social.

El Fraude es un flagelo que crece normalmente en épocas de dificultades económicas.

Sin duda, estas dificultades representan el principal origen y motivo.

También, la mala experiencia tras un siniestro  inducen a la búsqueda de compensación manipulando los hechos.

Se ha generalizado por estimulo de la falta de reproche social.

De hecho, encuestas realizadas en países de América resultaron indicar algo interesante.

Una gran porción de la población, consideran que un fraude al seguro merece poco castigo o no merece castigo.

¿La razón ?

Es considerado más asimilado a un acto de justicia que a un delito.

Por otra parte, las aseguradoras prefieren en general el logro de beneficios con bajo riesgo al dejar de denunciar, policial o judicialmente, los casos detectados a cambio de un desistimiento.

Obviamente, favoreciendo así las actividades fraudulentas.

El fraude al seguro es difícil de medir porque gran cantidad de casos no se detectan y requiere una investigación con acuerdo de todas las aseguradoras.

Aun así, hay suficientes elementos que muestran que está generalizado.

Basta con buscar en internet para encontrar verdaderos foros dedicados a publicar datos y formas de cometer un fraude con el seguro.

Sorpréndase preguntando a Google: «Cómo burlar al seguro» o preguntas similares.

La preocupación de las aseguradoras sobre el flagelo del fraude ha dado en categorizarlos de varias formas.

Una de ellas que bien peca de práctica, califica los tipos de fraude en :

  • Duros.
  • Blandos.

Los fraudes duros son aquellos en que hay pleno conocimiento de la comisión de delito.

La característica diferencial es el planeamiento del delito.

Son en general onerosos y en líneas generales, consisten en buscar el cobro del seguro haciendo la representación de un robo o incendio que en realidad no ocurrió.

También, falseando datos de ocurrencia.

En otras palabras, es cuando las personas fingen:

  • Accidentes.
  • Lesiones.
  • Robos.
  • Incendios o pérdidas graves del estilo para poder cobrar el seguro.

Del otro lado, se colocan los fraudes blandos.

Son aquellos que podemos considerar que la sociedad no tiene en claro que se trata de un delito sino más bien tomados como una mentira piadosa.

Es decir, se los ve como avivadas sin consecuencias como en el caso de:

  • Las exageraciones de daños en un accidente.
  • Abultando el costo de una factura.
  • Denunciando la destrucción de un electrodoméstico cuando ya no funcionaba.
  • La destrucción de un celular para actualizar el modelo.

Un fraude muy común y que muchas personas llevan a cabo sin saber que es algo ilegal.

Incluso, es exagerar las lesiones tras un accidente, con ayuda de algún médico o solamente mintiendo sobre los síntomas; la intención es la misma.

Así existen muchos ejemplos como exagerar el dolor de cuello con el fin de representar el síndrome de latigazo cervical en accidentes automovilísticos por alcance.

También, denominado fraude de oportunidad el fraude blando se encuentra en cada tipo de reclamo presentado.

Ocurre cuando un asegurado o reclamante exageran un reclamo legítimo.

Es mucho más frecuente que el fraude duro, debido a lo cual genera mayor costo general que el fraude duro.

De todas formas es un delito cuando:

  • Se exagera un reclamo legítimo.
  • Al solicitar un seguro, se miente u omite sobre ciertas circunstancias para hacerlo viable o reducir el costo.

En efecto, contribuye a aumentar los costos de seguro con el que nos perjudicamos todos.

Por eso, muchos no alcanzan a pagar un seguro suficiente.

Por ejemplo, una persona podría experimentar un incendio menor y reclamar el daño a muebles que admitieron una buena limpieza sin dejar daño.

Los pagos de este tipo de siniestros en general no son onerosos.

Sin embargo, se ubican en la base de la pirámide siniestral.

Sobre todo, representando un volumen de reclamos que hacen que estemos hablando de pérdidas millonarias para el mercado mundial del seguro.

Al  analizar este tipo de siniestros,  muchos de ellos son culturales por el tipo de aceptación o tolerancia que tienen en la sociedad.

Por otro lado, si tratamos de ubicar su comportamiento casi habitual y trazamos un paralelismo en la teoría de la ventana rota,  es imperativo abordar la batalla contra el fraude.

Me refiero al segundo tipo,donde  pueden establecerse  mayor castigo para los casos menores.

Al mismo tiempo, concientizar a la sociedad que por más nimios que parezcan los fraudes blandos, no son avivadas ni «mentirillas».

Al contrario, sino que revisten todas las características de un delito en los términos tipificados por el Código Penal.

Incluso, establece penas de hasta un máximo de 6 años.

Y así exponiendo la situación en forma pública.

Generar campañas de concientización, pues uno de los motivos que más promueve este tipo de casos, es la aceptación social.

Un gran porcentaje de la sociedad sostiene que el hecho de abultar una factura es más un acto de justicia que un ilícito.

De lo que si estamos seguros es que no existen los fraudes pequeños y una vez que se cruza la línea, se cometió un fraude.

Es por eso que sostengo, que en la medida en que logre derribarse esa batalla cultural, de la que estoy convencido es responsabilidad de todos los que actuamos en este mercado:
  • Aseguradores.
  • Productores.
  • Reaseguradores.
  • Liquidadores.
  • Profesionales.
  • Comerciantes y Consumidores.

Finalmente, se podrá generar una real disminución de la capa de la siniestralidad que genera cada vez más pérdidas.

Resulta que estas han logrado cuadruplicarse en los últimos años.

En consecuerncia, obliga a los reaseguradores a compensar resultados trasladando mayores costos en el negocio.

Pensando en el modelo cultural, me imagino un grupo de empleados en una fábrica explicando a un compañero como fingir un dolor de cuello.

Tendremos que debatir un poco sobre nuestra viveza criolla que tanto nos enorgullece.

Autor:Jorge Daniel Esteban,Perito Liquidador de Siniestros

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