Por consiguiente, el punto de partida para lograr esa transformación pasa por:

  • Identificar.
  • Crear,

momentos con connotaciones emocionales en la vida del cliente.

Es decir, aquellos en los que está más receptivo de lo habitual.

Sin embargo, ello requiere de las aseguradoras, realizar el seguimiento de determinadas:

  • Tendencias.
  • Actividades.
  • Noticias.

Así, por ejemplo, la evolución del ratio de robo en hogares puede, en un momento dado, generar un momento de interacción a través de una preocupación por su seguridad.

Por otra parte, el nacimiento de un hijo puede ser una ocasión para ofrecer un seguro de vida de protección familiar.

En realidad, para construir ese servicio al cliente personalizado, el estudio aboga por enriquecer y actualizar constantemente la información disponible.

¿ Cómo ?

Creando un ciclo continuo de recogida, análisis y explotación del conocimiento, a través de las soluciones y capacidades digitales.

El papel del mediador

Otra de las conclusiones del estudio, hace hincapié en la necesidad de ofrecer una propuesta de valor a los mediadores, que mejore su adopción de los cambios que conlleva ofrecer a los clientes un servicio al cliente diferencial.

“Para los mediadores, su principal activo es la relación con el cliente y temen que su posición pierda valor a favor de las aseguradoras”.

Así lo  explica Jaume Capdevila, senior manager de consultoría en Minsait.

En su opinión, la solución pasa por incorporar mecanismos que permitan al mediador y a la compañía, hacer uso de la información del cliente “de manera transparente y ordenada, aumentando de este modo la percepción de valor por parte del asegurado”.

Por último, el informe defiende la incorporación de plataformas colaborativas en las estructuras tradicionales de gestión, así como la contratación de nuevos perfiles con visión digital.