El índice de humedad en los hogares contribuye a empeorar las reacciones alérgicas.

En exceso aumenta la posibilidad de contraer enfermedades respiratorias y pulmonares y agrava las reumáticas. Sensación de malestar, escalofríos, cansancio, dificultad al respirar, pies fríos o dolor de cabeza son los principales síntomas a largo plazo causados por un ambiente húmedo. Un nuevo estudio lo relaciona también con una mayor posibilidad de desarrollar alergias nasales en niños.

Las alergias son un estado de hipersensibilidad del organismo a una sustancia concreta (alérgeno) cuando ésta se inhala, se ingiere o se toca. Numerosos factores externos ayudan al desarrollo o aumento de los síntomas alérgicos: el polen de las plantas, algunos medicamentos, picaduras de insectos, animales domésticos, determinados alimentos y el exceso de humedad en el hogar. Una exposición prolongada a niveles de humedad superiores a los recomendados -entre el 45% y el 65%- afectan a la salud a largo plazo.

Las consecuencias están relacionadas, sobre todo, con problemas respiratorios, como asma o sinusitis, o infecciones pulmonares, como la bronquitis. Un grado incorrecto de humedad puede también agravar los síntomas de quienes padecen fibromialgia o aumentar el dolor en personas reumáticas. Por lo tanto, tratar los problemas de humedad ante los primeros síntomas no sólo es bueno para el cuidado de la vivienda, sino también para la salud de sus ocupantes.

El exceso de humedad ambiental favorece la presencia de moho, ácaros (desencadenante común de asma en bebés), hongos y bacterias, organismos que pueden desencadenar graves problemas, como erupciones o dermatitis atópica. También propicia el crecimiento de moho, un microorganismo con esporas que pueden ocasionar afecciones respiratorias y que desarrolla alérgenos irritantes y, en ocasiones, sustancias tóxicas.

El control más adecuado para la humedad es solucionar el problema de la filtración de agua. Si bien en muchos casos deberá contratarse un servicio profesional, otras tareas domésticas son sencillas: arreglar posibles problemas de tuberías, ventilar los baños (fundamental para los niños), no colocar alfombras en fuentes constantes de humedad, frotar el moho para sacarlo de las superficies duras con detergente y agua, secar por completo estos espacios y mantener los aparatos de aire acondicionado limpios.

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