Probablemente tienes un frasco de Vicks VapoRub en tu mesa de noche. O quizás tus padres o abuelos en algún momento lo aplicaron sobre tu pecho para aliviar la gripe.

Y es que su uso es universalmente conocido. Incluso resulta curioso que no se limita únicamente a eso. También puede utilizarse con otros fines muy diferentes, como repeler mosquitos.

Parece lógico, entonces, que al ser un ungüento comúnmente usado de generación en generación, algunos padres tengan la noción de que también ayudará a sus bebés a respirar mejor.

A pesar de ello, los expertos en salud advierten de que el uso en niños menores de 2 años puede desencadenar más problemas que los que pretende resolver.

A diferencia de los niños mayores de 5 años y adultos, en los bebés las vías respiratorias son mucho más estrechas, por lo que se inflaman al respirar el VapoRub o productos similares.

Cuando esto ocurre se produce mayor cantidad de secreciones y la capacidad de respirar empeora.

Asimismo, hay especialistas que advierten de que, debido al uso de VapoRub, algunos niños podrían presentar dificultad para respirar aún cuando no estuvieran enfermos.

Por tanto, se recomienda a los padres seguir las indicaciones descritas en el envase. En dicha etiqueta se aclara que no debe ser aplicado ni debajo ni dentro de las fosas nasales.

De igual manera, la etiqueta del envase de VapoRub recomienda consultar a un médico sobre su uso en casos de niños menores de 3 años o mujeres embarazadas.

Si tu hijo presente síntomas de tos o gripe, te recomendamos a los siguientes remedios naturales:

Limpiarle la nariz con solución salina

Lo primero y más importante cuando el pequeño se encuentra resfriado, es asegurarnos de que sus fosas nasales estén descongestionadas.

  • Para ello puedes asistirte con solución fisiológica o agua de mar esterilizada y aspirar la mucosa con un aspirador específico para niños.
  • Esto le ayudará a respirar mejor, aunque en un inicio le resulte un poco incómodo.
Hidratación y suero fisiológico

Para calmar la tos lo ideal es que el niño vaya liberándose de las secreciones. Para lograrlo, necesita mantenerse hidratado.

De esta forma, las mucosas se secaran menos y la inflamación disminuirá. Por esta razón el niño debería consumir suficientes líquidos.

  • Se recomienda el suero fisiológico por su capacidad de reponer electrolitos y minerales necesarios.
  • Esto estimulará que los órganos, músculos y nervios continúen funcionando adecuadamente.
Ventilar la habitación

El ambiente desempeña un rol importante en la salud de los menores de edad.

Un ambiente húmedo, con polvo o incluso pelos de mascotas puede causar alergias, tanto en la piel como en la garganta y nariz.

  • Es muy importante mantener limpios y descontaminados los espacios donde se encuentran los pequeños.
  • En ocasiones se opta por utilizar humidificadores que limpian y humedecen el ambiente cuando se presenta tos seca. En caso de otro tipo de tos suelen estar contraindicados.
  • Asimismo, se advierte de que hay que limpiarlo diario y no usarlo en exceso para evitar la formación de moho en las paredes.
Reposo

Recuerda que es fundamental que los niños reposen cuando están enfermos, porque sus organismos necesitan estar relajados para recuperarse pronto.

Cuanto más pequeños sean los bebés, mayor será la cantidad de horas que necesitan dormir.

  • Por ejemplo, un recién nacido necesita dormir un promedio de 16 horas, distribuidas en distintos turnos.
  • Por su parte, un niño de 2 años de edad requiere unas 12 horas de sueño nocturno y un par más durante la siesta.
Consulta a un pediatra

En ocasiones, la tos o la gripe son pasajeras y los cuidados diarios y caseros, acompañados de una alimentación saludable, bastarán para reponer rápidamente al niño enfermo.

No obstante, deberemos acudir al pediatra si la salud del pequeño se debilita.

Y es que solamente un profesional de la salud tiene criterio suficiente para diagnosticar una enfermedad y prescribir ciertos medicamentos.

¿Ante que síntomas se considera consultar a un pediatra?
  • Si las tos es acompañada de fatiga y mucha dificultad para respirar.
  • Cuando se escuchan sonidos extraños y agudos –como silbidos– al inhalar aire.
  • Si la tos persiste por más de 2 o 3 semanas.
  • Si se presenta fiebre.
  • Cuando se noten cambios de coloración en los labios y rostro (si se ponen azulados).
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