Hay una frase muy cierta que dice “los extremos nunca son buenos” y que podemos aplicar en cualquier aspecto de la vida.

En este caso nos centraremos en la obsesión por el deporte, un trastorno cada vez más frecuente en una sociedad donde el físico es lo más importante.

Conoce por qué pasarse horas en el gimnasio no es bueno para tu salud.

Cuando el deporte deja de ser beneficioso

Hacer ejercicio tiene muchas ventajas, tanto para el cuerpo como para la mente.

Permite liberar endorfinas que nos dan felicidad, bajamos de peso, nos sentimos más fuertes… por eso solemos asociar el deporte con el bienestar.

Sin embargo, cuando la actividad física se convierte en una obsesión nos perjudica más que ayudarnos.

La mayoría de las personas que va al gimnasio tienen el objetivo de mantenerse en forma, perder peso o lograr músculos.

Para muchos el entrenamiento es un modo de vida y, cuando esto sucede, hay una línea muy delgada entre hacer deporte y obsesionarnos con él.

Dado que hacer ejercicio nos libera del estrés, nos desconecta de la rutina y también nos permite pertenecer a un grupo de personas con nuestros mismos intereses, podemos cada vez “necesitar” más dosis de esa adrenalina o emoción agradable.

No tiene nada de malo ir al gimnasio incluso de lunes a viernes si el entrenamiento es acorde a nuestras posibilidades, o bien si al terminar la rutina regresamos a nuestras actividades.

Hay vida más allá del deporte

Lo malo radica en pasarse todo el día pensando en:

  • Ejercicios.
  • Pesas.
  • Dietas,

o pensando de qué manera ser más veloz, más fuerte o más delgado.

Convertir el deporte en una obligación no es beneficioso tampoco.

Es verdad que a muchas personas no les agrada hacer ejercicio y lo practican porque se lo recomendó el médico o porque están demasiado excedidos de peso.

Sin embargo, sentirnos presionados puede incluso generar rechazo por la actividad en cuestión, así como una obsesión.

Y es que, con el afán de conseguir rápido los objetivos planteados, se antepone el ejercicio a cualquier otra cosa.

  • La ansiedad y la tristeza se apoderan de ellos si por algún motivo un día no pueden ir al gimnasio (por ejemplo, porque el domingo está cerrado o es feriado).

Presionarnos para hacer deporte, nos hace cada vez sentirnos peor si no logramos las metas en el tiempo deseado (que siempre es lo más corto posible).

El cuerpo puede sufrir las consecuencias de un entrenamiento excesivo si nos lesionamos o no le permitimos el descanso correcto.

Así, la fatiga muscular y los dolores crónicos son bastante frecuentes en estos casos.

Obsesión por el ejercicio: ¿cuándo preocuparnos?

Las personas que tienen una adicción con el ejercicio o el gimnasio podrían ser fáciles de identificar.

No obstante, muchas veces el paso hacia la obsesión es lento y las señales no tan notorias.

En la mayoría de los casos, se trata de individuos que desean bajar de peso o que quieren tener músculos.

Habitualmente, son adolescentes o adultos jóvenes y cada vez aumentan más la periodicidad de los entrenamientos.

  • Los días a la semana que asiste a una academia o gimnasio, la intensidad de las rutinas o incluso los temas de conversación pueden ser otras señales de obsesión deportiva.

Por otra parte, si notamos que está dejando de lado otras actividades y compromisos por entrenar quizás se deba a que está convirtiéndose en un adicto al ejercicio.

Si al invitarle a un evento te dice “no puedo porque voy al gimnasio” y esa respuesta se mantiene sin importar el plan, tal vez sea una persona que se ha tomado muy en serio el ejercicio.

También ,puede analizarse el estado de ánimo de la persona el día que no ha hecho deporte.

Seguramente estará apenado y hará lo posible por salir de casa, al menos, para:

  • Correr en el parque.
  • Andar en bicicleta.
  • Hacer una serie de abdominales y flexiones de brazos en la sala.

¿Cómo reconocer el problema?

Una señal que podemos tener en cuenta para detectar la obsesión por el deporte está relacionada a

  • Los cambios en la alimentación
  • En la ingesta de complementos dietéticos.
  • Puede quedarse mirando una etiqueta de un producto.
  • Pensando en la cantidad de calorías que tiene un platillo.
  • Solo consumir alimentos saludables.
  • No moverse ni un ápice de la dieta.

Debemos tener especial cuidado si ha optado por consumir sustancias ilegales para aumentar los músculos o para reducir peso.

Por último, esta obsesión no solo está relacionada con el ejercicio, sino también con los resultados obtenidos.

Algunas señales que indican que el deporte ya no es una actividad lúdica sino una obligación y una fijación:

  • Mirarse continuamente en el espejo
  • Comparar fotografías del “antes y el después”
  • Probarse ropa todo el tiempo
  • Pesarse o medirse cada día.

Fuente:mejor con salud.

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